Lanzarote, dí­a 1: viaje de ida

Esto de subirme a un avión es como ir al dentista… en lugar de ir acostumbrándome, cada vez me pone más nerviosa. Voy a tener que hacer como M.A. Barrakus… ¡qué gran serie El equipo A!.

Playa Blanca, LanzaroteBueno, a las 10.00h. partimos sin demora hacia el aeropuerto de Ranón, con despegue previsto para las 12.10h. Parece ser que en dos horas y media aterrizamos… se cumplen los horarios. Ya con la hora menos, entre que nos recoge el bus y demás, llegamos al Hotel Paradise Island sobre las 15.30h. Los temores de la valoración del hotel, después de haber visto algunas de las opiniones en intersen, nos parecen demasiado exageradas. El apartamento está bien, normal para 3 llaves, buena relación calidad – precio: es amplio, con un par de terrazas muy chulas y la ubicación muy acertada… ahora bien, es un hotel para estar poco tiempo en él… para estar todo el dí­a, el ambiente es parecido a un camping tipo morancos. En fin, que para nosotros, que tenemos la idea de estar el tiempo justo, más que suficiente y económico.

Playa Blanca, LanzaroteComemos algo, unos snacks que nos ofrecen y un poco de pasta que nos hacemos en la cocina del apartamento. Esta tarde aprovecharemos para ver el pueblo: Playa Blanca. Así­ que bajamos caminando desde el hotel hasta el paseo, aprovechamos para fichar las oficinas de alquiler de coches: sin duda, la más económica es Cabrera Medina. Cuando llega la hora de cenar subimos también dando un paseo. Por cierto, las colonias al 50%, ¡vaya precios!

La cena también bastante bien: un buffet muy variado, aunque también demasiado adaptado al turismo extranjero. Luego espectáculo en la discoteca.


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Vacaciones en Parí­s: dí­a 5

Hoy va a ser un dí­a de recordar todo lo que vimos y de ir apuntando todo lo que nos queda por ver, para planificar un nuevo viaje a Parí­s… porque seguro que repetiremos.

Como cada mañana, después del desayuno, pensamos lo que vamos a hacer en el dí­a. Iremos a un mercado que hay a las afueras, en metro hasta Porte de Montreuil, al Marché de Montreuil. Es un mercado enorme (el más grande que visitamos hasta el momento) con muchos tenderetes de ropa y zapatos, auténticas gangas en calzado deportivo de diferentes marcas (que se lo digan a Pablo, menudas Le Coq Sportif que se agenció el chavalí­n).

También hay una parte especí­fica de cosas de segunda mano: ordenadores, cámaras de fotos, muebles, maletas, portarretratos con fotos de gente… y como no, también pelucas usadas… que yo me pregunto ¿cuánto de desesperado hay que estar para ponerse semejante «cosa» en la cabeza? Porque hay que verlas, de verdad.

Carrousel en las Tullerí­as

Disfrutamos mucho del gentí­o y del mogollón de tenderetes, se hací­a eterno. Cuando ya llegaba la hora de comer fuimos hasta el Carrefour cercano, situado en unos grandes almacenes que se encuentran al cruzar la calle del mercado y lo más rápido que pudimos nos compramos algo para comer tranquilamente en Tullerí­as. Así­ fue, desde la estación de metro de Porte de Montreuil nos bajamos en Tullerí­es para comer sentados a la sombra de un inmenso árbol, cerca de una enorme fuente, disfrutando de la brisuca que de vez en cuando nos refrescaba. Después del postre incluso dormitamos un poco, ¡qué felicidad!.

Sacré CÅ“urDespués de la siesta parisina nos acercamos caminando hasta el hotel para cambiarnos y volver por la tarde a Montmatre. Hoy (sábado) estaba especialmente abarrotado de gente, pero como ya nos sabemos las callejuelas menos transitadas, nos dedicamos a pasear tranquilamente, al ponerse el sol. Aprovechamos para cenar en un parque situado a los pies del Sacré Coeur, y donde una familia indú se lo pasaba en grande.

Paseo de despedida desde Montmatre hasta Rue Trevisse. Mañana el despertador sonará a las tres de la mañana, nos recogen para ir al aeropuerto a las cuatro de la mañana.

Vacaciones en Parí­s: dí­a 4

16/07/2010

Folies BergereAprovechamos que el hotel está muy cerca del Folies Bergere para ir a echarle un vistazo. Después nos dirigimos al metro hasta la estación Saint-Germain-des-Pres para ir en busca del mercado de Saint-Sulpice. Éste no nos convenció mucho, eran más bien unas galerí­as comerciales, con peluquerí­as, tiendas, pero nada especial.

Visitamos los Jardines de Luxemburgo y el Palais du Luxemburg, aquí­ descansamos un poco y disfrutamos de los niños con los barquitos de alquiler, después dirigimos nuestros pasos hacia el Panteón.

Luego nos dirigimos hacia el Mercado Place du Monge, muy mercadillo de barrio: fulares, fundas de cojí­n muy variadas y a muy buen precio, abalorios, pulseras, anillos, también tiene una parte destinada a comida e incluso una pequeña zona con muebles antiguos. Nos gustó mucho y compramos muchas cosas, entre ellas una máscara africana a un señor muy amable, con el que nos entendimos gracias a los enormes esfuerzos que hicimos por ambas partes: nosotros ni papa de francés, él nada de inglés y por supuesto de castellano… pero triunfó el lenguaje universal de los gestos, el lápiz y el papel.

Nos bajamos en la estación Gare de l’Est para ver su estructura desde fuera y luego fuimos hasta el Mercado de Saint-Quentin.

Torre EiffelVa apretando el hambre, así­ que tomamos el Metro Place du Monge hasta la estación Gare de l’Est para hacer transbordo hasta Cadet y disfrutar de un menú japonés, como no en el restaurante del barrio: Fuji Sushi, encantadoras las chicas que atienden y magní­fico sushi. Con la barriga llena y encantados decidimos dar un paseo y terminar algunas de las compras que nos quedan pendientes, así­ que vamos hasta el Mercado de la place de la Bourse, muy pequeñito, pero donde hay mercancí­a que «tiene un pase», aquí­ entablamos conversación con un chico que vende libros, medio castellano-inglés-francés, charlamos un rato y nos agenciamos un libro de Astérix y Obélix, versión francés, con unas ilustraciones muy chulas.

Seguimos caminando hasta la Rue du Quatre Septembre, aquí­ en una tienda de souvenirs (de las mejores con las que nos hemos topado y – por cierto – con un dependiente de lo más risueño) compramos afiches (mucha variedad donde elegir) y un termómetro con motivos tí­picos de aquí­, una chulada (lucirá en las paredes de Novellana).

Seguimos disfrutando del buen dí­a, y por casualidad nos topamos con un centro comercial enorme, exclusivo de tiendas de juguetes, el Boulevard des Capulines, las delicias de cualquier «chupetí­n», intentamos encontrar algo significativo para Pablí­n… pero Gormitis, Bakugan y Playmovil abarrotan las tiendas… nada que no podamos encontrar aquí­… así­ que nada, seguimos hacia el Boulevard des Italiens, el Passage Jouffroy y el Passage Verdeau, galerí­as chulí­simas con tiendas de muebles, libros y antigüedades.

Toca refrescarse en el Hotel Le Havane y planificar el resto del dí­a: así­ que tomamos de nuevo el Metro en Cadet hasta la estación Invalides, para visitar como no, Invalides y la Torre Eiffel. Llevamos la cena preparada para degustarla a los pies de la torre, queremos disfrutar del espectáculo de luz. Para nuestra sorpresa conocemos a Youri (una mezcla entre Bustamante con atuendo de Tom Cruise en Top Gun) que prepara el altavoz, la guitarra y demás parafernalia para dar un concierto. Se toma su tiempo, así­ que intentamos adivinar el repertorio… ¡no damos una! Youri nos sorprende para bien, además, estamos en primera lí­nea, la gente comienza a arremolinarse a su alrededor y en un momento, crea un ambiente total, tiene canciones de todos los paí­ses, así­ que cantamos y damos palmas al ritmo de «La Bamba» (¡qué tiempos cuando hice el playback en el catecismo con ocho añitos!). ¡Menudo recuerdo que nos llevamos gracias a Youri!

Otro dí­a que va tocando a su fin, tomamos el metro en la estación í‰cole Militaire hasta Cadet.

Vacaciones en Parí­s: dí­a 3

mercadillo en el Boulevard Richard LenoirDurante la mañana de este dí­a ha tocado recorrer más mercadillos, saliendo en metro desde la estación Cadet hasta la estación Bréguet Sabin, haciendo transbordo en Gare de l’Est, nos dirigimos hacia el primer mercadillo en el Boulevard Richard Lenoir. Hay multitud de tenderetes, muy variados y baratos. Después de ir y venir, y de goliflar todo-todo, nos agenciamos con algunos regalucos: entre ellos un conjunto de gargantilla y brazalete que lucirá tita Pali como está mandao.

De ahí­, caminando a lo largo del Boulevard Voltaire hasta la Place de la Republique, por casualidad nos encontramos con el Mercado de l’Enfants Rouges, fundamentalmente de comida, con variedad de diferentes paí­ses, si llegas con hambre, es un buen lugar para llenar el buche y a buen precio.

Seguimos recorriendo calles en busca del Mercado de Temple (Carreau du Temple), en la Rue Perrée, ¡por fin lo encontramos!. Una estructura metálica de color azulón, con cubierta de cristal. Nos llevamos el chasco cuando al llegar vemos que está en obras… así­ que, una vez más, habrá que repetir viaje para disfrutar de él en otro momento. Ahora, leyendo la Guí­a del Trotamundos (una de nuestras compañeras de viaje, junto con la National Geographic, que Rebeca y Juan nos prestaron) veo que apunta que un despacho de arquitectos es el encargado de realizar el proyecto Espacio para todos, decidido por los vecinos del distrito para actividades deportivas, culturales y económicas y que las obras finalizarán en 2013.

Panorámica desde el Sacré CÅ“ur

Muy cerca se encuentra ubicado el Centro Cultural Pompidou, aprovechamos para acercarnos y hacer algunas fotos… es la hora de comer, así­ que intentamos encontrar la estación de metro más cercana. Llegamos a Étienne Marcel, pasando antes por St. Eustache y el Mercado de Les Halles, también muy variado a lo largo de la calle: sobre todo mucha fruta (por lo menos a esta hora del dí­a, ya es algo tarde) y una tienda exclusiva de Le Coq Sportif (que si la pillas en rebajas merece mucho la pena). Nos bajamos en Cadet para ir a comer el menú al Restaurante Japonés Fuji Sushi, en la Rue de Châteaudun, deliciosos menús a muy buen precio (12,50 eureles) donde puedes degustar sushi maki california hasta que te salga por las orejas.

4 Rue des Saules, Paris, FranceDespués de comer, pasamos por el hotel para darnos una ducha rápida y acercarnos hasta Montmatre. Está abarrotado de gente… ¡demasiado, sobre todo la Place du Tertre! Pero como queremos pasear por este lugar tan lleno de buenas vibraciones, optamos por hacer una ruta alternativa que plantea la Guí­a del Trota, precisamente para evitar el gentí­o: enfilamos por rue Saint-Rustique, rue des Saules, rue de l’Abreuvoir, la allée des Brouillards (donde Renoir ocupó durante algún tiempo un pabellón en el nº 8 de la Alameda) y donde se pasa cerca de la Place Dalida, seguro que conoces una de sus canciones… ¡acertaste!: Paroles

Rue D'OrchampsPasamos por la Avenue Junot y por el Moulin de la Galette (en la esquina de las rues Girardon y Lepic). Encaminamos nuestros pasos hacia rue des Saules para mirar el Cabaret Le Lapin Agile.

Seguimos por la Rue Lepic, Van Gogh vivió en el nº 56 y más abajo foto obligada (por lo menos para mí­) al Café des Deux-Moulins, escenario donde Amélie cambió nuestra vida. Nos dirigimos al barrio Pillage, repleto de locales con cortinas de terciopelo rojo. Seguimos bajando las calles, pasamos frente al Moulin Rouge (más fotos aprovechando además que empieza a oscurecer). Y con nuestras rodillas flaqueando nos vamos a cenar. Mañana mucho más.

Vacaciones en Parí­s: dí­a 2

14/07/2010

El despertador suena a las 8 de la mañana, remoloneamos un poco antes de bajar a tomar el desayuno (café, tostadas, croissants, zumo, yogurt, huevo cocido, cereales…) todo delicioso. Con energí­a planificamos la ruta para este dí­a, 14 de Julio, aniversario de la Toma de la Bastilla, Fiesta Nacional.

Le marche d'AligreTomamos el metro de nuevo en Cadet para ir hasta un mercadillo de 2ª mano, pequeño, situado en la Place d’Aligre. Hoy hay un 70% de probabilidades de lluvia, el cielo está bastante negro, pero aún así­ los tenderetes mantienen sus mercancí­as. Aquí­ puedes encontrar desde pamelas hasta pelucas de 2ª mano, pasando por ropa, libros… de todo. Como recuerdo nos llevamos una revista, «Le petit echo de la mode», donde aparecen dibujos chulí­simos de lo que se llevaba en 1932, sobre fondo sepia. Empiezan a sobrevolar el cielo multitud de aviones que se dirigen hacia los Campos Elí­seos donde empezará el desfile militar.

El cielo sigue amenazando lluvia así­ que – tras recorrer todo el mercado y la calle de los tenderetes con frutas impresionantes – nos vamos a la estación de metro para dirigirnos hacia la íŽle de la Cité y ver la Catedral de Notre Dame. Antes de llegar, en el puente de Saint-Louis, nos paramos a disfrutar de unos músicos que son una maravilla.

Catedral de Notre DameCada vez está más frí­o y empiezan a caer una gotas tremendas, nos pilla de pleno el chaparrón (atuendo: camiseta de tirantes, falda corta y chanclas… no se puede ir más apropiada para un dí­a de tormenta). Intentamos encontrar como sea un paraguas para quitar lo peor y lo encontramos en una tienda de souvenirs muy chula (en esta isla la mayorí­a de las tiendas merecen la pena). Aquí­ aprovechamos para llevarnos unas láminas de recuerdo (Notre Dame, Montmartre y Moulin Rouge) mientras disfrutamos del aguacero y de las gárgolas de la catedral que no dan abasto con el agua.

A ritmo de chof-chof en los pies, cogemos la estación de metro más cercana para ir al hotel y cambiarnos de ropa. Para la tarde será mejor pantalón, calcetines y playeros resistentes. Comemos tranquilamente en el hotel y dormimos la siesta, estamos destemplados, los pies molidos de las caminatas y un poco cansados… Además, sigue lloviendo, no hay mejor excusa para disfrutar de una buena siesta.

Por la tarde, recorremos los Campos Elí­seos, desde la Plaza de la Concordia hasta el Arco del Triunfo. Luego bajamos por la Avenida de Iéna hasta el Trocadero. Nos sorprende el despliegue policial que hay y el constante ir y venir de la gente, las bandadas de personas que llegan de todos lados a la plaza, con bolsas con la cena, nos llama la atención pero no sabemos a qué se debe. Conseguimos averiguar que a las 21:00h comenzarán los fuegos artificiales que pondrán broche a la Fiesta Nacional. Tenemos ganas de cenar pero son las 20:30h, así­ que esperaremos. Nos dieron las nueve, las nueve y media, las diez… empezamos a pensar que la información que nos habí­an dado no era muy fiable: igual los fuegos no empezaban a las nueve, mientras tanto la fame iba en aumento (creciendo proporcionalmente a la mala leche)… Finalmente, a las once de la noche, la Torre Eiffel comienza a parpadear con luces augurando el comienzo de la traca… ¡por fin! Un festival de luz y color inunda la Plaza de Trocadero entre aplausos, silbidos y ví­tores del gentí­o. A las once y media consideramos que es hora de llenar el buche, así­ que nos vamos al metro, que se encuentra flanqueado por fornidos policí­as y perros, los cuales van dejándonos pasar por tandas para no colapsar el transporte. Un nuevo dí­a que finaliza.

Vacaciones en Parí­s: dí­a 1

Martes, 13/07/2010

Después de dejar la maleta preparada ayer por la noche e intentar descansar lo máximo posible, nos levantamos a las siete de la mañana para llegar con tiempo al aeropuerto, no vaya a se que despegue sin nosotros. Javi llega puntualí­simo a recogernos y nerviosos nos dirigimos a Ranón, despegue previsto para las 10:15h.

Llegamos al aeropuerto Chales de Gaulle con puntualidad inglesa y un amable monsieur nos acerca hasta el Hotel Le Havane en la Rue Trevise. Comienza el callejeo.

Con calzado cómodo y ropa fresca, encaminamos nuestros pasos hacia la Rue La Fayette, enorme y repleta de gente, donde visitamos –¡como no!- las Galerí­as Lafayette. Obligatorio entrar en el edificio de la Cúpula y hacer una foto… por lo demás, muchas cosas, mucha gente y encima, en rebajas… Si no te gusta la aglomeración, visita rápida y a patear. Muy cerca está la Opéra Garnier. Cuidado al cruzar la calle: corres el riesgo de ser atropellado por una bici, una vespa, un bus turí­stico… Consejo: espera a que cruce alguien y te pones detrás, usándolo a modo de parapeto. Continuamos el camino por la Rue de la Paix hasta la Place Vendome. Multitud de joyerí­as y escaparates (Cartier, Chanel… ¡qué bonito es soñar!), y donde también se ubica el Hotel Ritz.

Museo del Louvre desde las Tullerí­asA continuación, cruzamos la Rue Rivoli y descansamos en el Jardí­n de las Tullerí­as, que como mañana es la fiesta nacional está repleto de barracas. En esta parada disfrutamos de la sobra de los árboles, de las prácticas sillas disponibles para tomar un respiro y de estar rodeada de edificios impresionantes. Seguimos el recorrido cruzando el Pont Royal hacia el Museo d’Orsay; son las 18:00h, ya está cerrado, así­ que lo dejaremos para otra vez. Mientras tanto, disfrutamos de una pareja de chicos que hacen las delicias de los turistas con sus patines.

Volvemos a cruzar el Sena por la Pasarelle Solferino y nos dirigimos al Museo del Louvre (foto tí­pica). Es apabullante, la visita la dejaremos para la próxima vez que vengamos Parí­s, tenemos pocos dí­as y priorizaremos callejear… quedará pendiente.

Intentamos deshacer el camino andado, esta vez por la Avenida de l’Opéra, la Rue du Quatre Septembre y de nuevo la Rue La Fayette, girando a la derecha en la Rue Trevise de regreso al hotel.

Canal Saint-MartinUna duchita en agua frí­a para refrescarnos e intentar liberarnos de los 30º de la habitación y vuelta a la calle. Ahora tomamos el metro en la estación Cadet (muy cercana al hotel) haciendo transbordo en Gare de l’Est hasta Bastille. Es la ví­spera de la Fiesta Nacional, suponemos que habrá ambientillo y acertamos. Cansados y contentos vemos como va finalizando este primer dí­a parisino. Mañana más.

Penúltimo dí­a de fraggle viajera

Alice'sEl viernes, 21/11/2008, supuso el último dí­a de nuestra escapada (en realidad volamos el sábado, pero ese dí­a ya no contaba) así­ que decidimos visitar a primera hora de la mañana Notting Hill y su famoso mercadillo. Un montón de tiendas muy chulas y también mercadillo con ropa molona… pero en la maleta a estas alturas ya no quedaba espacio ni para una camiseta más… así­ que, apesadumbradas, decidimos planificar un nuevo viaje (con maletas de mayor tamaño) para poder acaparar más trapitos.

Después de callejear por Notting Hill, nos dirigimos a visitar la Torre de Londres y comer tranquilamente cerca del rí­o Tamesis.

Sobre el puente

Tower BridgeFue un dí­a tranquilo, relajado y de repaso de lo mucho que habí­amos disfrutado… y si era de repaso… ¡tacháaaan! no podí­a faltar callejeo again por Oxford Street y por favor (Maite, no te rí­as) visita a Primark, como si aquí­ cerca (vamos, como a unos 30 km, más o menos) no hubiese uno parecido. ¡Pues no!, la tienda de Oxford no tiene nada que ver con la de Oviedo, dónde va a parar (¿eh, Cris?), y perseguir con disimulo a una lugareña mientras se prueba una chupilla de 5 libras, supercuca y que me habí­a probado el dí­a anterior (quedándome fenomenal a la par que estilosa), esperando a que la soltase, no tiene precio y es muchí­simo más emocionante que hacer eso mismo aquí­. Por cierto, finalmente comprobó -la susodicha- que para nada era su estilo, y tras deshacerse de ella tirándola con desdén sobre un montón de prendas, allí­ me lancé a por la cazadora, como la que no quiere la cosa (¡prueba superada!)

Bueno, pues el dí­a iba llegando a su fin, así­ que no tuvimos más opción que volver al chigre, que a estas alturas ya era de confianza, para tomarnos algo y poner el despertador a las seis de la mañana, previo sorteo de a quién le tocaba madrugar más para entrar en la ducha.

Greenwich

El cuarto dí­a en Londres, el jueves 20/11/2008, lo dedicamos a recorrer Greenwich.

GreenwichTras un viaje en metro llegamos al Mercado de Greenwich donde pudimos disfrutar de un ambiente muy acogedor. Varios tenderetes con artí­culos de 2ª mano, la mayorí­a de ellos muy antiguos, hicieron nuestras delicias. Cris se compró un plato pequeño, de cerámica, pintado a mano superchulo y una versión antigua del libro de Charles Darwin titulado Viaje en el Beagle, menuda maravilla.

Seguimos recorriendo los puestos y encontramos más caxigalinas por aquí­ y por allá, y entre ellas un proyector de diapositivas de 1930 que no pude resistir la tentación de traer, eso sí­, me dio el dí­a porque tuve que cargar con él hasta llegar al hotel por la noche.

Panorámica desde el observatorio de Greenwich

Después, recorrimos un parque inmenso, donde las ardillas de color plateado se apelotonaban alrededor nuestro, incluso hubo momentos en los que temí­ por nuestro pellejo. Era como en una pelí­cula de zombis, donde podí­an oler sangre fresca y a tropel se abalanzaban sobre nosotras. Bueno, este parque finalizaba en el Meridiano de Greenwich, ¡qué ilusión!. Fotos y más fotos.

Spaghetti with MusselDesfallecidas por el hambre y el frí­o, nos fuimos a un italiano a comer algo calentí­n. De menú: fetuccini para Tere; lasagna para mí­ y espaguetti con mejillones (aunque los pedimos pensando que eran gambas, porque no nos aclarábamos con la carta y porque las indicaciones con las manos de la camarera describieron claramente la forma de una gamba) para Cris.

En la lí­nea DRL del metro regresamos a Victoria Station, donde aprovechamos para comprar cafés y tés de sabores; chocolates y demás manjares.

El dí­a de hoy terminó con al visita al Tate Museum, donde la sala estrella era la dedicada a Francis Bacon.

Como de costumbre, camino al hotel nos tomamos una cerve en St. George Tavern, donde tuvimos la suerte de disfrutar de un pequeño concierto de un joven mozalbete versionando temas muy interesantes, entre ellos varios de «The Police«

Dí­a 3: Camden Town

El miércoles, 19 de noviembre, fue un dí­a monotemático: Camden Town exclusivamente… Uff, ¡qué emoción!

Esa mañana nos tomamos el desayuno con más calma, el metro (the tube) nos llevarí­a hasta Camden y estaba cerca. Así­ que, aunque Tere y Cris se mantuvieron fieles al desayuno continental, yo me atreví­ con el english breakfast (café con leche, huevo, salchicha, bacon y tostadas, las salsas al gusto), me sentó fenomenal.

Girls kick assEl mercado de Camden Town es espectacular: multitud de tenderetes en las calles, numerosas tiendas con artí­culos de lo más extravagante, abrigos y cazadoras de todas las formas y colores, bolsos para quitar el hipo, pellizas de segunda mano (Loli me estará eternamente agradecida de la chupilla que le traje, el invierno será más llevadero ahora) incluso quedaban algunas pequeñas tiendas con muebles antiguos, las que se salvaron del incendio del 10 de febrero de este año.

Camden Town. Panorámica

El ambientillo era especial: un montón de gente con un montón de estilos diferentes y muy currados, aunque se podí­a caminar con tranquilidad y ver las tiendas sin agobios, se notaba que era miércoles (parece ser que los fines de semana es tremendo). Camden es otro mundo que merece la pena conocer y disfrutar.

Camden LockCompramos un montón de cosas: vestidos, chaquetones, láminas, cojines, un par de pellizas, camisetas, complementos… y nos tuvimos que frenar porque ya no podí­amos con las bolsas. Además, algunas cosas estaban muy, pero que muy bien de precio. Al medio dí­a nos fuimos a engullir (más que nada para no perder mucho tiempo) en un espacio reservado donde puedes llevarte la comida que puedes comprar en la infinidad de puestos de varios paí­ses que hay; incluso encontramos uno especializado en paellas donde sonaba a todo lo que daba el último hit de Los Chichos, y donde no pudimos resistirnos a la tentación de tararear la melodí­a y dar palmas al más estilo andaluz, tracatrá (con giro de pie incluido para mover con gracia la bata de cola de lunares). Toda la mañana y toda la tarde y nos quedaron cosas por ver, así­ que no nos quedará más remedio que repetir, ¡qué se le va a hacer!

Segundo dí­a londinense

A las 6.45h. del 18 de noviembre suena el despertador y nos vamos poniendo en marcha para llegar al bar donde desayunamos a las 7.30h. En él nos dan la opción de english breakfast o continental. Hoy nos decantamos por el continental (zumo de naranja, croissant, tres tostadas, mantequilla, mermelada, y café con leche). Repletas de energí­a, comenzamos el dí­a.

Monumento a la reina VictoriaEl plan de hoy empieza recorriendo las calles hasta Victoria Station y de allí­ hasta la visita y foto, obligada, en el Buckingham Palace. De ahí­ nos dirigimos a pasear por Hyde Park, pasando por Wellington Arch.

Tras cruzar todo el parque nos dirigimos con muchas ganas a Oxford Street, donde comenzamos a hacer algunas compras y a regalear. A mediodí­a, descansamos tomándonos un delicioso Starbucks Coffee.

Dulces en Covent GardenSeguimos pateando la enorme e interminable calle, mezclándonos con la gente que va a diferentes ritmos. Mientras espero que Tere y Cris compren algunas cosas en una tienda de deportes, espero sentada en una parada de bus, estoy encantada viendo pasar a la gente y me hace pensar lo diferente que es la rutina aquí­ y lo enriquecedor que es vivir esta experiencia.

Nuestro siguiente destino es Covent Garden, un mercadillo supercuco, como de cuento, con unos tenderetes guapí­simos, música en la calle y juegos de malabares, me quedo sin palabras.

Underground - Piccadilly CircusNuestras patucas empiezan a resentirse, pero aún nos queda mucho por ver, así­ que encaminamos nuestros pies hacia Picadilly Circus. A pesar de haber mucha luz aún y no nos ciegan las numerosas luces de la plaza, es una zona espectacular. Así­ que seguimos haciendo muchas fotos para recordar este momento.

Tomamos una de las calles que bajan y nos dirigimos hacia Trafalgar Square, parando antes a tomarnos algo en una cafeterí­a a descansar un poco. En Trafalgar Square hacemos más y más fotos, está repleto de personas haciendo lo mismo. Aún nos quedan unos pocos minutos de luz. Así­ que, el camino de regreso al hotel lo hacemos pasando por Downing Street (donde está la residencia oficial del Primer Ministro del Reino Unido), el Big Ben (aunque lo visitaremos con mayor detenimiento otro dí­a) y la Abadí­a de Westminster.

Cansadas y muy emocionadas de este dí­a, llegamos al hotel a reponer fuerzas y a darnos una ducha reparadora. Luego, cerveza en la tasquilla cercana al hotel.

Rumbo a Londres

AviónEl lunes, 17/11/2008, Tere, Cris y yo, nos reunimos en el aeropuerto de Ranón nerviosas y excesivamente puntuales. A las 13.30h. facturamos, con la esperanza de que nuestras maletas fuesen tratadas con mimo (que se lo pregunten a Tere) y nos fuimos a comer algo a la cafeterí­a, mirando el reloj cada poco. A las 15.00h. embarcamos y a las 15.30h. ya estábamos por encima de las nubes. El despegue de vértigo, una vez estabilizadas la sensación de mareo me acompañó prácticamente todo el vuelo, con taponamiento y zumbido de oí­dos incluido, total que apenas pude interactuar con mis primas, iba en plan «no me chilles que no te veo». Asi que opté por flipar con la vista que habí­a desde la ventanilla, espectacular sobrevolar las nubes, cielo despejado y sol sobre nosotras. Mientras tanto recuerdo el último capí­tulo de la serie BSG cuando descubrieron The Earth.

Noria de nocheA las 16.30h. (hora inglesa) aterrizamos, ole ole por el piloto. En Londres ya era noche cerrada. Entre recoger las maletas, sacar billete de bus y recorrer el tramo hasta la Estación Victoria, nos quedaba poco dí­a para aprovechar. Después de dejar las maletas en el Hotel St. Georges (en el 25 de Belgrave Road, Victoria), callejeamos un poco la zona cercana y nos tomamos una supercerve negra Guiness en una taverna cercana – llamada también Tavern St. George -, de la que nos hicimos asiduas clientas durante nuestra estancia, y donde planificamos el dí­a siguiente.

Ya de vuelta al hotel nos hicimos nuestra tí­pica cena particular junto con un cafetí­n, rico rico que Tere nos preparó con mucho esmero. Al dí­a siguiente, a las siete y media de la mañana en pie para desayunar.

El hotel fenomenal, para repetir: a pesar del excesivo calor de la calefacción y de la moqueta atrapatodoloquecaesobreella el trato fue sensacional, la habitación tení­a un balcón impresionante, y la cafeteruca con el café, la leche y el té nos dió la vida después del dí­a agotador.

Hotelandgo.com

Este post estaba pendiente desde el viaje a La Rioja. Quedamos tan contentos con el alojamiento encontrado, a última hora, que merece una mención a parte.

hotelandgo.comEl hotel se llama hotelandgo Miranda: agradable y completa atención (incluso por teléfono, desde la reserva) ofreciendo varias posibilidades; amplia habitación con baño completo; muy luminosa; con televisión de plasma; aire acondicionado para manejar desde el cuarto; servicio de habitación diario; diseño moderno (tipo ikea) y ningún cajón o armario, lo que facilitaba el vistazo rápido y evitaba la opción de que se olvidase algo en ella. Además, no hay horario de entrada o salida, la puerta principal del hotel se abre con la tarjeta de la habitación, así­ que no hay que estar pendiente del reloj. Cuando llega el dí­a de abandonar la habitación puedes hacerlo sin prisas, por lo menos hasta la una de la tarde – aproximadamente – te permiten estar.

Quizás, si hay que ponerle alguna pega, el paisaje no acompañaba. Situado en un polí­gono de empresas, los alrededores no invitaban a disfrutar de un paseo tranquilo después de un dí­a agotador. Para ir a cualquier sitio necesitas el coche. Lo bueno de esta ubicación es que también está cercano a un supermercado Eroski, lo que hace muy fácil ir a comprar ví­veres y llenar el tanque de gasolina (a un precio bastante asequible).

La opción de desayunar o comer es aparte, no está incluido en los servicios del hotel se trata de una empresa diferente, cuyas instalaciones están contiguas y comunicadas al mismo. No lo utilizamos.

Desde su ubicación en Miranda de Ebro nos permitió recorrer La Rioja e incluso acercarnos en, tan sólo unos veinticinco minutos, a Vitoria (Paí­s Vasco).