Dí­a 3: Camden Town

El miércoles, 19 de noviembre, fue un dí­a monotemático: Camden Town exclusivamente… Uff, ¡qué emoción!

Esa mañana nos tomamos el desayuno con más calma, el metro (the tube) nos llevarí­a hasta Camden y estaba cerca. Así­ que, aunque Tere y Cris se mantuvieron fieles al desayuno continental, yo me atreví­ con el english breakfast (café con leche, huevo, salchicha, bacon y tostadas, las salsas al gusto), me sentó fenomenal.

Girls kick assEl mercado de Camden Town es espectacular: multitud de tenderetes en las calles, numerosas tiendas con artí­culos de lo más extravagante, abrigos y cazadoras de todas las formas y colores, bolsos para quitar el hipo, pellizas de segunda mano (Loli me estará eternamente agradecida de la chupilla que le traje, el invierno será más llevadero ahora) incluso quedaban algunas pequeñas tiendas con muebles antiguos, las que se salvaron del incendio del 10 de febrero de este año.

Camden Town. Panorámica

El ambientillo era especial: un montón de gente con un montón de estilos diferentes y muy currados, aunque se podí­a caminar con tranquilidad y ver las tiendas sin agobios, se notaba que era miércoles (parece ser que los fines de semana es tremendo). Camden es otro mundo que merece la pena conocer y disfrutar.

Camden LockCompramos un montón de cosas: vestidos, chaquetones, láminas, cojines, un par de pellizas, camisetas, complementos… y nos tuvimos que frenar porque ya no podí­amos con las bolsas. Además, algunas cosas estaban muy, pero que muy bien de precio. Al medio dí­a nos fuimos a engullir (más que nada para no perder mucho tiempo) en un espacio reservado donde puedes llevarte la comida que puedes comprar en la infinidad de puestos de varios paí­ses que hay; incluso encontramos uno especializado en paellas donde sonaba a todo lo que daba el último hit de Los Chichos, y donde no pudimos resistirnos a la tentación de tararear la melodí­a y dar palmas al más estilo andaluz, tracatrá (con giro de pie incluido para mover con gracia la bata de cola de lunares). Toda la mañana y toda la tarde y nos quedaron cosas por ver, así­ que no nos quedará más remedio que repetir, ¡qué se le va a hacer!

Segundo dí­a londinense

A las 6.45h. del 18 de noviembre suena el despertador y nos vamos poniendo en marcha para llegar al bar donde desayunamos a las 7.30h. En él nos dan la opción de english breakfast o continental. Hoy nos decantamos por el continental (zumo de naranja, croissant, tres tostadas, mantequilla, mermelada, y café con leche). Repletas de energí­a, comenzamos el dí­a.

Monumento a la reina VictoriaEl plan de hoy empieza recorriendo las calles hasta Victoria Station y de allí­ hasta la visita y foto, obligada, en el Buckingham Palace. De ahí­ nos dirigimos a pasear por Hyde Park, pasando por Wellington Arch.

Tras cruzar todo el parque nos dirigimos con muchas ganas a Oxford Street, donde comenzamos a hacer algunas compras y a regalear. A mediodí­a, descansamos tomándonos un delicioso Starbucks Coffee.

Dulces en Covent GardenSeguimos pateando la enorme e interminable calle, mezclándonos con la gente que va a diferentes ritmos. Mientras espero que Tere y Cris compren algunas cosas en una tienda de deportes, espero sentada en una parada de bus, estoy encantada viendo pasar a la gente y me hace pensar lo diferente que es la rutina aquí­ y lo enriquecedor que es vivir esta experiencia.

Nuestro siguiente destino es Covent Garden, un mercadillo supercuco, como de cuento, con unos tenderetes guapí­simos, música en la calle y juegos de malabares, me quedo sin palabras.

Underground - Piccadilly CircusNuestras patucas empiezan a resentirse, pero aún nos queda mucho por ver, así­ que encaminamos nuestros pies hacia Picadilly Circus. A pesar de haber mucha luz aún y no nos ciegan las numerosas luces de la plaza, es una zona espectacular. Así­ que seguimos haciendo muchas fotos para recordar este momento.

Tomamos una de las calles que bajan y nos dirigimos hacia Trafalgar Square, parando antes a tomarnos algo en una cafeterí­a a descansar un poco. En Trafalgar Square hacemos más y más fotos, está repleto de personas haciendo lo mismo. Aún nos quedan unos pocos minutos de luz. Así­ que, el camino de regreso al hotel lo hacemos pasando por Downing Street (donde está la residencia oficial del Primer Ministro del Reino Unido), el Big Ben (aunque lo visitaremos con mayor detenimiento otro dí­a) y la Abadí­a de Westminster.

Cansadas y muy emocionadas de este dí­a, llegamos al hotel a reponer fuerzas y a darnos una ducha reparadora. Luego, cerveza en la tasquilla cercana al hotel.

Rumbo a Londres

AviónEl lunes, 17/11/2008, Tere, Cris y yo, nos reunimos en el aeropuerto de Ranón nerviosas y excesivamente puntuales. A las 13.30h. facturamos, con la esperanza de que nuestras maletas fuesen tratadas con mimo (que se lo pregunten a Tere) y nos fuimos a comer algo a la cafeterí­a, mirando el reloj cada poco. A las 15.00h. embarcamos y a las 15.30h. ya estábamos por encima de las nubes. El despegue de vértigo, una vez estabilizadas la sensación de mareo me acompañó prácticamente todo el vuelo, con taponamiento y zumbido de oí­dos incluido, total que apenas pude interactuar con mis primas, iba en plan «no me chilles que no te veo». Asi que opté por flipar con la vista que habí­a desde la ventanilla, espectacular sobrevolar las nubes, cielo despejado y sol sobre nosotras. Mientras tanto recuerdo el último capí­tulo de la serie BSG cuando descubrieron The Earth.

Noria de nocheA las 16.30h. (hora inglesa) aterrizamos, ole ole por el piloto. En Londres ya era noche cerrada. Entre recoger las maletas, sacar billete de bus y recorrer el tramo hasta la Estación Victoria, nos quedaba poco dí­a para aprovechar. Después de dejar las maletas en el Hotel St. Georges (en el 25 de Belgrave Road, Victoria), callejeamos un poco la zona cercana y nos tomamos una supercerve negra Guiness en una taverna cercana – llamada también Tavern St. George -, de la que nos hicimos asiduas clientas durante nuestra estancia, y donde planificamos el dí­a siguiente.

Ya de vuelta al hotel nos hicimos nuestra tí­pica cena particular junto con un cafetí­n, rico rico que Tere nos preparó con mucho esmero. Al dí­a siguiente, a las siete y media de la mañana en pie para desayunar.

El hotel fenomenal, para repetir: a pesar del excesivo calor de la calefacción y de la moqueta atrapatodoloquecaesobreella el trato fue sensacional, la habitación tení­a un balcón impresionante, y la cafeteruca con el café, la leche y el té nos dió la vida después del dí­a agotador.