El tiquero

Los hechos

Cuándo: un viernes del mes de noviembre de 2005.

Tren en movimientoLlegué con 5 minutos de antelación al mostrador donde debía sacar mi billete de tren. Delante de mí, unas cuantas personas formaban cola. Dispensando tickets… nadie. Al fondo del mostrador, una chica, con uniforme ferroviario, fumaba tranquilamente un cigarrillo. Los futuros viajeros intentamos buscar gestos complices entre nosotros, de esos que quieren decir “¡Esto es increible!”, “¡Voy a perder el tren!…” o cosas más groseras. Nada, decido ir a la máquina dispensadora de billetes y soportar la espera de las cinco personas que esperan pagar su viaje. La primera, una señora a la que le cuesta comprender este cacharro (muchos colores, muchas letras y poco intuitiva la maquinita); bueno, por fin lo consigue con la ayuda de la segunda de la fila, que saca su ticket en tiempo récord. Llegamos a la tercera persona que se hace un lío con el suelto, con la ida y vuelta, con adulto o niño… el tiempo pasa y yo desesperada. Entonces, escucho por los altavoces que el tren que tengo pensado coger va a efectuar su salida en breve. Me salgo de la fila, sin billete, y corro hasta el tren pensando en la vergüenza que el revisor me va a hacer pasar por no pagar el viaje… ¡Profecía autocumplida! El tiquero me echa una bronca monumental mientras el resto de viajeros escuchan atentamente entre la vergüenza ajena, el morbo y la solidaridad (porque seguro que en algún momento a ellos también los pasó o a alguien próximo a su círculo)

Y yo me pregunto…

¿Hay que aguantar el chaparrón para que encima tengas que pagar la multa correspondiente? ¿Merece la pena aguantar la lección de circulación ferroviaria para que te absuelvan? ¿es mejor utilizar el método asertivo o directamente es preferible ponerse chulo?

6 pensamientos en “El tiquero

  1. Yo te propongo, nena mía, que practiques mohines de compungimiento frente al espejo, para que la próxima vez que te veas en trance semejante, puedas decirle al tiquero, con esa cara previamente sobreactuada en tu casa, que una ráfaga de inoportuno viento racheado te arrebato el billete cuando corrías muy azorada y responsable hacia el vagón.

    Abrazo.

  2. Gracias por el consejo. Tendrás que enseñarme a poner en marcha la estrategia en plan role-playing, ya sabes que así aprendo mejor.

    Por cierto, tengo secuestrados tus guantes, si hay una buena recompensa te los entrego.

    Bss

  3. En estos casos hay un servicio de atención al cliente en los que denunciar a los empleados/as pasotas e inútiles. Pero en caso de despido del individuo/a, podríamos cargar moralmente con ese sentido de culpabilidad ?

    Yo no.

  4. Sí, el tiquero me informó de ese servicio también. Lo que pasa es que más que una respuesta pidiendo disculpas a cargo de la empresa, otra cosa no iba a recibir, y tampoco es esa la solución.

    En fin, la próxima vez que me hagan una de esas encuentas sobre satisfacción con el trasporte, ya sé en qué me voy a centrar en las respuestas.

  5. A mí lo que más me fastidia son esas reprimendas perdonavidas:

    «Sr Interventor: si tiene que multarme, múlteme; y si no, cállese. Pero no me de una lección de uso del ferrocarril cuando llevo más de 10 años viajando en él a diario».

  6. Lo de ponerse chulo (aunque sea con razon) es contraproducente :30 €.
    P.D. Pero la sartisfacción de decirle un par de cosas al “interventor” no me la quita nadie.

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