Perro verde o el lado oscuro

Estos días estoy viviendo un cúmulo de despropósitos que hacen que me plantee si mi manera de pensar es, medianamente coherente, o si estoy totalmente equivocada y necesito cambiar, y dejarme llevar por el lado oscuro.

Retrato de un perro verdeSi me quedo con la primera opción tendría que admitir que soy un perro verde en medio de una jauría de buitres; si acepto la segunda, me convertiría en Sith. La verdad que ninguna de las dos opciones es muy tentadora, aunque si decido meterme en la ilusión de alternativas que acabo de proponer, ser perro y verde a lo mejor tampoco está tan mal.

Está claro que mi manera de ver la cosas no deja de estar influenciada por personas importantes en mi vida que me contagian para que interprete el mundo de ese modo, que me apoyan en decisiones que tomo, y en maneras de hacer que me parece interesante apropiarme de ellas. En estos momentos pienso que si no llega a ser por esas influencias, hace tiempo que habría dejado de ser Caballero Jedi.

Puestos a salirme del par de alternativas me planteo seguir cambiando, siempre, aprovechando aquellas cosas buenas, que pueden ayudar a que mi salud sea lo más aceptable posible y a que no tenga que pasar noches en vela, porque la conciencia no me deje pegar ojo.

Estoy segura que esta vaguedad en mis palabras, que no explican la situación concreta, puede serviros para encajar alguna situación en la que «El miedo os llevara a la ira, la ira al odio y el odio al lado oscuro» y supiéseis rectificar a tiempo.

11 comentarios en “Perro verde o el lado oscuro

  1. A mí me gusta el perro verde que conozco. Además, pasarse al lado oscuro siempre tiene su precio: dolores de cabeza, dormir mal… a algunos hasta les cambia la voz (fíjate en Anakin).

    Prefiero que sigas siendo pizpireta aunque tengas que renunciar a algunos caramelos que te ofrece la vida. Y que sigas dando ejemplo allí donde vas.

    Un besín

  2. Yo también me quedo con el perro verde, sin lugar a dudas….por el momento es lo que mejor resultado me está dando. Y ya sabes, lo que funciona sigue haciéndolo.

    Otro besín

  3. Conocernos a nosotros mismos, ser conscientes de lo que somos y lo que queremos, tomar conciencia de nuestra «existencia diferenciada», es una de las revelaciones más importantes que podemos tener.

    Se puede llegar a fuerza de darnos hostias y sentirnos irritados y molestos cuando hacemos algo en lo que no creemos pero que nos dicen que es lo «normal» o de una manera más consciente reflexionando sobre nuestras inquietudes.

    El caso es que el tomar conciencia de lo que somos, por distinto que sea a lo que nos han dicho que deberíamos ser o hacer, es una suerte porque nos lleva a actuar de manera más coherente. Si recibimos hostias son menores porque estamos dispuestos a asumirlas, ya que hacemos las cosa por nosotros mismos, porque creemos en ello; y además podemos aprovechar y disfrutar mucho más nuestro tiempo libre compartiéndolo con quien nos ayude a crecer, porque también podemos socializar nuestra “existencia diferenciada”.

    Así que si eres un perro verde da gracias por saberlo porque así ya tienes una dirección por donde seguir, y piensa que para nada eres el único , pues existen manadas de perros donde el color “normal” es el verde.

    Besos, de alguien que se sintió muy verde.

  4. Fëarûth: Gracias por afianzar mi idea de que merece el esfuerzo ser un bicho raro. A veces, se me olvida y creo que es más fácil utilizar el atajo.

    P.D.: ¡Qué chulos los bichos-palo! No perderé de vista tu bitácora.

  5. A partir de estos momentos me engancho a tu bitácora, pero último comentario del 26 de julio…hace 1 mes !! Qué tal si con el fin de agosto nos cuelgas un nuevo post y así lo noveles vamos cogiendo ritmillo ??
    :-))))

  6. Gracias por tu comentario, Ramón. Me alegra que pensemos lo mismo en este asunto, para mí tu opinión es de las que tienen peso. Te considero una persona muy interesante y con las ideas muy claras, tus opiniones me importan, asi que espero que sigas aportando tu granito de arena a estas comeduras de tarro que suelo tener.

    Un abrazo ;-)

  7. Jota Zé: Tienes razón, tengo que ser más constante….pronto escribiré algo nuevo.

    Espero que esta bitácora siga siendo de tu interés para no perder el ritmillo y, quizás, te animes a tener una propia.

    ;-)

  8. «Verde que te quiero Verde».
    Qué bonito el «verde»…(y cómo nos favorece, bicho)!!.
    Qué genial encontrar gente «verde»: en casa, en la escuela, en el trabajo,…, en el camino!.
    Qué bien sentirse acompañada en la vida: conocer, escuchar, aprender, compartir, …vivir! Ponerse en el lugar de la otra persona (por muy «verde» que sea…).
    Qué enriquecedor se hace el camino! (a pesar de algunas piedricillas de na!…).
    De todo se aprende…y en este tiempo hemos aprendido mucho…jejeje.
    Piensa en «verde». Besines.

  9. moriarty: Qué bien leerte aquí ;-)
    Qué razón tienes con lo mucho que hemos aprendido, chata….Haré caso a tu consejo y ¡Pensaré en verde! (pimplando cervezuquis también, eh?)

    Bss

  10. Pistacho, el perro verde:

    Tuvo la perra Marcela
    -puede que alguien lo recuerde-
    tres cachorritos canela,
    cuatro grises y uno verde.

    “¡Qué disgusto y qué sofoco!;
    ¡vaya perro tan extraño!
    Y si lo lamiera un poco…
    Y si le diera un buen baño…”

    Lo echó de cabeza al río,
    lo sumergió unos instantes:
    salió morado de frío,
    pero más verde que antes.

    Y Marcela lo lamía
    entre lamento y lamento,
    pero el perrito seguía
    tan verde como un pimiento.

    “A este chucho mamarracho,
    con un color tan feúcho,
    le voy a llamar Pistacho
    y lo voy a querer mucho”.

    A Pistacho, desde chico,
    le gustaba coger flores
    y pintar con el hocico
    mariposas de colores.

    Ver las hojas en otoño,
    sentarse a mirar la luna
    en la rama de un madroño
    con una gata moruna…

    En aquel barrio apartado,
    entre burla y cotilleo,
    los perros daban de lado
    a un chucho tan raro y feo.

    Marcela, siempre pendiente,
    sufría cada vez más:
    “¡Ojalá fuese corriente
    como todos los demás!”

    Pistacho, al verla llorar,
    tomó una gran decisión:
    dejar de ser singular,
    ser un perro del montón.

    Se tiñó de gris el pelo.
    Se pasó días enteros
    persiguiendo con su abuelo
    a los gatos callejeros.

    Imitando sin parar
    a los perros que veía
    consiguió ser popular,
    pero perdió la alegría.

    Y así se hubiera tirado
    toda su vida perruna
    si no se hubiera mojado
    con una lluvia oportuna.

    No era una lluvia cualquiera,
    era un regalo del cielo
    que llegaba en primavera
    a volverle verde el pelo.

    Otra vez de su color,
    empapado y hecho un lío,
    fue a ver si entraba en calor
    tomando el sol en el río.

    Y vio de pronto algo extraño:
    un animal sorprendente
    se daba en el río un baño
    mirándolo fijamente.

    “¡Qué perro tan fascinante!,
    ¡qué color tan especial!,
    ¡qué aspecto tan elegante!,
    ¡qué can tan original!

    ¡Pero si ese rabo es mío!;
    lo que veo es mi reflejo
    que me lo devuelve el río
    como si fuera un espejo.

    Pues me gusto como soy,
    verde, alegre y vivaracho;
    así que a partir de hoy
    voy a ser siempre Pistacho.”

    Aquella hermosa mañana
    regresó a su casa el perro
    verde como una manzana
    y gritando desde el cerro:

    “Yo soy verde, sí, señores,
    y me gusta dibujar
    mariposas de colores
    y ver las hojas volar”.

    Y ahí va un consejo perruno:
    “No hay que ser perro normal:
    cada uno es cada uno
    y cada quien, cada cual”.

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